20/4/10

¿Cacería?

El caballero se encontraba sentado entre las raíces de un árbol mirando fijamente la entrada de su pequeña cueva. Había recogido algunas ramas secas de los alrededores y una tímida hoguera comenzaba a arder bajo los leños algo más grandes que había apilado de forma profesional. Habia prescindido de la capa y vestía solo la cota de malla sobre el jubón de cuero, atada a la cintura con un cinturón ancho de piel y anillas. También se había cambiado las pesadas botas invernales por unas más flexibles y ligeras. La espada descansaba contra una protuberancia de la raiz del roble a poco más de medio metro de su brazo. Miraba distraídamente las llamas mientras meditaba sobre los cambios que iban a producirse en el bosque con la llegada del mejor tiempo.

- Primavera - gruñó - la época de las flores, las mariposas... y los venados. ¡Ja! Este año tiene pinta de que habrá buena caza... la lluvia ha hecho crecer bien los pastos.

Hablaba para si, por supuesto, pero a veces lo hacía. Casi todos los ermitaños lo hacen.

A pocas decenas de metros escuchó un ruído, algo que no era normal en aquel bosque. Sonrió. Fuese lo que fuera no parecía amenazador, no olía amenazador. Muy despacio se incorporó, recogiendo la espada del suelo y ciñéndosela. Aguzó de nuevo el oído y el olfato mientras cambiaba. El pelaje del lobo también era menos espeso, se había adaptado a la nueva temperatura ambiente del mismo modo que lo había hecho el caballero.

El visitante se escabuyó unos metros más allá, no era tanto una presa o un intruso como una presencia. Tal vez ni siquiera fuese consciente de que el Lobo se encontraba allí. Sonrió como solo un animal de esas características puede hacerlo. Ya sabía lo que era.

Segundos más tarde un aullido de satisfacción por la cacería que se avecinaba recorría el bosque y el animal volaba sobre los verdes brotes que cubrían el suelo por todo el bosque.