- ¿Qué quieres?
- Ya lo sabes, a ti.
- No pienso ir contigo, espectro. Ya lo sabes... siempre lo has sabido, desde la primera vez que nos encontramos hace tantos años.
- Pero nunca dejaré de preguntártelo, he llegado a tentarte lo suficiente en varias ocasiones, Caballero. Algún día sucumbirás a los instintos que tiene todo ser humano y aceptarás mi oferta.
El Caballero no respondió a esa provocación sino que continuó limpiando el rollizo cuerpo del conejo que había cazado. Podría sacar al menos un buen trozo de pellejo resistente de aquella piel, además de una suculenta cena. Le apetecía un poco de asado. Su interlocutor se sentaba apoyado contra el tronco de un árbol un puñado de metros más allá. Vestía de riguroso negro con la única concesión de un grotesco rosario plateado con una cruz deformada que le descansaba sobre las flexionadas rodillas. Una túnica larga como la de los sacerdotes le cubría el cuerpo y las sandalias eran nuevas aunque excesivamente livianas para caminar por el bosque. Se cubría las manos con unos finos guantes con los dedos cortados y se tapaba la cabeza con un sombrero de ala ancha que tenía echado hacia adelante para ocultar al menos parcialmente su rosto.
El hombre de negro volvió a la carga con su cascada y rasposa voz, el Caballero continuaba con su tarea sin prestarle demasiada atención.
- Piensa, amigo. Todo el tiempo del mundo para hacer lo que desees. Viajar a donde te plazca, sin restricciones, sin normas, sin... transformaciones.
En los labios del Caballero aleteó una sonrisa, el hombre sabía que aquello no funcionaría.
- Ya viajo donde quiero, sin restricciones y sin norma alguna. Además, me encanta ser lo que soy.
- Pero sin duda alguna sería mejor para ti y para otros que esa parte bestial de tu interior desapareciese. Podrías ser feliz, estar cerca del resto de los humanos, no te verían como un, perdona la expresión, un lobo en el gallinero. Sabes que te temen y estos parajes son tan solitarios... si aceptas mi propuesta tendrías la oportunidad de ver el mundo de otro modo, a través de un prisma completamente diferente.
- A través del prisma de la muerte, espectro.
- ¡Ah! pero esas muertes serían necesarias... y no te obligaríamos a que tu fueses quien acabase con ninguna de las vidas si no lo deseas. Enviaríamos a los hijos de las sombras delante, ellos no sienten remordimientos. Sólo enviaríamos delante con ellos a tu bestia, ella si que es necesaria, su rabia, su fuerza, su energía...
- ¡No! y no continúes por ese camino. No quiero tener que volver a matarte una vez más. Se que es doloroso para ti.
Una risotada salió de la garganta del espectro mientras el caballero agarraba el puño de la espada
- ¿Ni siquiera por ella, amigo mío?
Esta vez fue el Caballero quién soltó una risa.
- Ni siquiera por ella, de cualquier modo no querría que aceptase tus viperinas proposiciones.
- ¿Por que no vas y le preguntas, mortal?
- Porque no es necesario.
Una nueva risotada comenzó a brotar del hombre vestido de negro, pero se paró súbitamente dando paso a un gorjeo. El pesado cuchillo de acero del caballero atravesaba el pecho del espectro justo por encima del pecho, en el lado derecho. Se había clavado por completo, hasta la guarda. De inmediato tanto el fantasma como el cuchillo e incluso el árbol en que se apoyaba comenzaron a desaparecer.
El Caballero comenzó a recoger sus cosas, estaba claro que esa noche no iba a poder dormir así que sería mejor continuar con su viaje hacia el este, cuando cambió de forma engulló al despellejado conejo triturando los huesos con sus potentes mandíbulas y salió disparado hacia su destino.
Aquella era su maldición, pero también su más preciada pertenencia. Mantener al lobo bajo control le había costado años, del mismo modo que al lobo le había costado controlar al hombre. Ahora eran solo uno... y ambos habían estado felices de poder tenerse hasta ese punto. ¿Separarse?. Jamás. Parecía mentira que aquellos espectros aún no se hubieran dado cuenta de que ya no había un hombre y una bestia. Sino simplemente el Caballero-Lobo.