26/1/10

Reencontrando el lugar

Nuevamente dentro de la piel de la bestia.

Hacía mucho que no lo hacía, también hacía demasiado tiempo que no me colocaba la armadura ni me colgaba la espada al cinto. Todas ellas son sensaciones agradables.

Mis patas casi no tocan el suelo, parecen volar sobre la hierba húmeda de la estepa que conduce hacia el bosque, mi bosque. Allí soy Señor de mis propias tierras que abarcan todo aquello que puedan defender mis garras y mis fauces.

Los primeros árboles se ciernen sobre mi, puedo olfatear la espesura a pesar de no poder verla todavía, la noche ha caído, como siempre que me acerco a este lugar encantado. En pocas ocasiones he llegado a ver el sol brillar entre las ramas, creo que nunca se hace de día aqui, o tal vez sea que yo lo prefiero de este modo.

Hace rato que mi carrera se ha hecho más lenta, el sotobosque no me permite moverme tan deprisa, además empieza a faltarme el aliento. Me paro justo ante mi pequeña colina, una luna casi llena baña la cima de la misma. Conforme subo la ladera a paso más lento dejo detrás la piel del lobo, cuando alcanzo la cima mi pelaje gris oscuro ha dejado paso a una capa vieja, una cota de malla y una sobrevesta con el blasón del lobo en el pecho. La espada que forjé hace tanto tiempo pende de mi cintura, lo único en mi que se asemeja al lobo que era hacía solo unos instantes son los ojos, verdes tanto en el animal como en el hombre.

Miro hacia el cielo, la luna parece sonreirme. Tras haberla estado contemplando unos minutos con mis ojos humanos vuelvo a vestirme como un animal...

Muchas criaturas tanto afines como discordes con lo que soy, con lo que siempre he sido aqui, escuchan mi primer aullido hacia la dama luna en mucho, mucho tiempo...

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