De un tirón cerró la pequeña bolsa de cuero que había estado preparando antes de salir de nuevo del bosque. Esta vez no iba a tardar tanto en regresar (o al menos eso esperaba) pero había algo que tenía que hacer. Se sentía impulsado a ello y nada iba a impedírselo.
La espada estaba apoyada contra la pared de la gruta que a menudo usaba como refugio, no era demasiado profunda en realidad, pero si lo suficiente para resguardarle del frío, el viento y la lluvia si lo necesitaba. Un montoncito de leña apilada junto a un hacha al fondo de la cueva le permitía tener un fuego si lo deseaba, un saco relleno de paja y hojarasca le hacía las veces de jergón. Por lo general de cualquier modo si tenía que dormir allí dentro no lo hacía como una persona, sino como un animal, el calor se conservaba mejor con esa forma que con una capa de viaje.
Con un par de zancadas alcanzó la salida del refugio, bastante escondido entre un grupo de álamos y abedules, agarró con fuerza el cuello de la bolsa durante un instante y se la colocó al cuello.
La espalda se encorvó, las manos y piernas se acortaron, las ropas y capa dieron paso a un tupido pelaje gris, el rostro se alargó y cubrió de pelo, la boca se convirtió en pocos segundos en un alargado morro lobuno que parecía sonreir. Unos brillantes ojos verdes otearon el estrecho sendero que conducía a la entrada del refugio. Sin emitir más sonido que el de las garras contra la superficie rocosa de la entrada el lobo partió a la carrera hacia su destino.
Había dejado bien lejos el linde del bosque cuando se paró a beber en un riachuelo que corría desde las montañas a las que se dirigía hacia, posiblemente, un afluente algo mayor de un río más grande. Algo le hizo erizar el pelaje del lomo y se giró en redondo. Antes de que se diese cuenta ya tenía encima a un hombre ataviado de pieles armado con un enorme hacha de piedra.
Instintos humanos, ¡bah!
Saltó hacia un lado y por poco y no le alcanza con el arma en pleno espinazo, si llega a golpearle... deseó con todas sus fuerzas saltarle al cuello y el humano pareció leerle el pensamiento puesto que se agachó e interpuso el hacha entre ambos. Si atacaba no iba a ser precisamente una pelea fácil. Se decidió por la opción más práctica, la huida. De todas maneras no era momento de luchar contra aquella cosa surgida de no se sabía bien donde, tenía asuntos más importantes que atender. Amagó un ataque y cuando su adversario se movió para protegerse fintó hacia el otro lado y se alejó a la carrera del río. Ambos sabían quien era más rápido y si el asaltante no había organizado una partida de caza con anterioridad y le tendían ahora una emboscada no iba a tener muchas posibilidades de alcanzarle. Lobo y humano se dirigieron una mirada de respeto y el animal siguió su camino en dirección a las montañas.
Una vez dentro de los intrincados paisajes de piedra y maleza nudosa y retorcida las patas de lobo fueron en poco tiempo menos útiles que un fuerte par de manos y unas botas de buena calidad. Así pues el último tramo del camino lo hizo a pié, trepando donde era necesario, cuidando de no resbalar cuando las paredes o las laderas eran demasiado terrosas o estaban excesivamente erosionadas. En algunos momentos llegó a pensar que seguramente hubiera un camino mucho más sencillo y directo para llegar a la cima, pero con frecuencia los humanos (y él lo era, al menos en parte) se empeñan en hacer las tareas más sencillas por el método más complicado.
La cima estaba prácticamente allanada por el viento, aqui y allá se veían retazos de hierba o algún achaparrado matorral, cerca el borde más escarpado había una figura de espaldas, sonrió y dejó la bolsa sobre una roca redondeada por el paso del tiempo. Acto seguido se dió media vuelta para emprender el camino de regreso a su hogar.
En el interior del presente que había dejado en la cima de la montaña se podían encontrar una hoja seca de abedul, un frasquito de vidrio con algo de agua en su interior y una pequeña piedra de color gris claro. Cualquiera con aquellos tres objetos no lo tendría complicado para encontrar el bosque...
No hay comentarios:
Publicar un comentario