Todos los días debemos tomar decisiones, todos los días y a cada momento. Unas son sencillas y otras muy complicadas, pero con frecuencia nos encontramos con que podemos tomarlas sabiendo más o menos cuales van a ser las consecuencias de nuestra elección.
A veces es como lanzar una moneda al aire... y que esta desaparezca por arte de magia antes de caer al suelo y poder ver siquiera el resultado de cara o cruz.
Eso es lo que me acaba de pasar a mi con una moneda de plata. Estoy sentado sobre un tocón de roble, posiblemente más antiguo que la mayoría de los árboles que lo rodean ya que está semi cubierto de musgo y algunas setas silvestres en su base. A una decena de metros se puede ver un cruce de caminos con forma de T. El camino de la derecha gira hacia el norte más adelante, lo he recorrido en parte antes de darme la vuelta de nuevo, parece más claro que el de la izquierda que a poca distancia se vuelve una senda bastante retorcida.
¿Qué camino debería seguir? La verdad es que suponía que este bosque ya no guardaba recorridos que no conociese, pero es curioso que siempre haya nuevas rutas que aparecen como salidas de la nada o que se unen a otras ya existentes que hacía mucho que no había transitado.
Bien... esta claro que el azar no quiere darme la respuesta y que la decisión no tiene más remedio que ser mia, así que me levanto y me envuelvo en la capa de lana gris, la cota de mallas tintinea mientras me ajusto el cinturón con la espada y el cuchillo y comienzo mi andadura de nuevo hacia el cruce. Los sentidos del lobo no me habían revelado nada especial de ninguno de los senderos con anterioridad y la observación con los ojos del hombre tampoco parece revelarme que camino sería mejor que tomase.
Chasqueo la lengua y de repente se me ocurre algo. ¡Claro! ¿Cómo no se me había ocurrido antes? El bosque puede darme cuantos caminos quiera, más directos o más retorcidos, simples o complicados... pero hay una posibilidad que siempre se encuentra presente.
Con una sonrisa triunfal me adentro en la espesura pisando la hierba y el manto de hojas secas. No tengo mas remedio que apartar un arbusto y algunas de sus ramas se quiebran bajo la presión, después de todo si no hay un camino que seguir siempre puedo buscarme uno propio... tal vez por eso desapareció la moneda.
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