Un hombre achaparrado y cubierto de pieles guiaba al resto de sus compañeros hacia el saliente rocoso que dominaba el sendero mientras que abajo dos de ellos preparaban la red con la que pretendían cazar al animal. Un tercer grupo se escondía entre los matorrales con las pesadas hachas de piedra colgando de los cinturones de cuero que les mantenían las pieles con las que se cubrían el cuerpo.
Se trataba de un grupo de cazadores salvajes, un grupo particularmente molesto cuyo único objetivo parecía ser el tratar de dar caza al Lobo y en consecuencia también al Caballero. Su naturaleza u origen no estaba lo bastante clara como para poder hacer juicios al respecto, pero todo apuntaba a que existían y estaban presentes a causa del Caballero-Lobo (o como consecuencia de él). También podría deberse a la magia del bosque.
La celada estaba preparada, la presa pasaría por allí en breve. Uno de los hombres, un hombresanto que se cubría la cabeza y los hombros con pieles de coyote lo había visto en el humo y en las runas.
"En el tiempo que precede al alba el Lobo cruzará el Paso de Piedra en dirección al río, aunque no llegará hasta él para calmar su sed"
Esa era la profecía del hombresanto y los guerreros estaban dispuestos a hacerla realidad.
Una vez en sus posiciones no tardaron mucho en escuchar las rápidas pisadas del animal, los hombres del risco no podían verlo venir por el camino aunque tampoco era necesario, sus compañeros abajo darían la señal cuando la red fuese lanzada y solo tendrían que cubrir la retirada. De buenas a primeras el sonido de la carrera cesó por completo. Todos se extrañaron de eso y se miraron entre si tratando de buscar una explicación a lo que había pasado.
Instantes más tarde descubrieron lo que había ocurrido.
De entre los árboles tras el trío encargado de lanzar la red surgió el furioso lobo al que pretendían dar caza. Cubrió los escasos cinco metros que le separaban de sus enemigos con tres rápidas zancadas, saltó sobre el más cercano de sus enemigos y golpeándole con las patas delanteras en el pecho mientras trataba de coger su arma le hizo caer al suelo, unos segundos más tarde agonizaba sobre la tierra con el cuello destrozado. Sus amigos soltaron las redes y se encararon al animal mientras daban la señal de alarma, una sonrisa lobuna cruzó el rostro de su enemigo mientras volvía a internarse en la espesura a toda velocidad.
Doce hombres habían tratado de emboscar a la criatura que comenzaban a pensar que era un demonio. Solo quedaban ocho acurrucados entre si cerca del centro del sendero, con las armas en ristre y los ojos bien abiertos, el hombresanto estaba seguro de que el Lobo moriría allí y allí debían quedarse.
Los otros cuatro habían ido muriendo por su propia insensatez. Uno trató de correr bosque a través para huir de los gruñidos y pisadas que se intuían justo fuera de su rango de visión, no tardó más de unos segundos en encontrarse con la afilada punta de una daga clavada en el pecho. Otros dos se hicieron los héroes alejándose del grupo e internándose en la espesura unas decenas de metros más adelante, desgraciadamente para ellos el Caballero era mucho más hábil que ellos con la espada y aunque en un leve encuentro inicial plantaron cara de forma más o menos decente al Lobo, poco pudieron hacer contra una cota de mallas y una técnica depurada durante años.
Tras un par de horas de acoso y miedo el Caballero decidió que no iban a perseguirle y se dirigió al río, solo que un kilómetro más al norte de donde pensaba hacerlo... y curiosamente la profecía que habían mostrado las runas y el humo se había hecho realidad, no iba al río a calmar su sed, sino a lavarse tras el combate contra los salvajes.
No era de su agrado el luchar contra ellos, pero en el pasado había estado demasiadas veces cerca de la muerte por su culpa... incluso recordaba haber muerto una vez a sus manos, aunque aquello era una tontería. Después de todo estaba vivo...
No hay comentarios:
Publicar un comentario