4/2/10

Noche Lluviosa

Llovía debilmente fuera de la pequeña cueva, pero el cielo teñido de rojo por las nubes amenazaba con descargar toda una tormenta en cuanto se le presentase la oportunidad. La mayoría de los animales habían presentido esto y corrieron a sus guaridas, nidos y madrigueras. Desde luego no era una noche para salir de caza, por lo que el Caballero había sacado unas cuantas tiras de carne en salazón de sus reservas de provisiones y las asaba lentamente sobre las llamas de la fogata que había encendido en el interior del refugio.

Las llamas ofrecían un efecto hipnótico en él haciéndole sumirse en sus pensamientos primero y en su propia naturaleza y esencia después. Antes de darse cuenta había cerrado los ojos y sintiendo el calor del fuego en su rostro se sumió en un sueño que podría haber parecido natural a cualquiera que lo viese, pero pocas situaciones lo eran realmente en aquel bosque.

Abrió los ojos y ya no se encontraba en la cueva, sino en un extenso erial de rocas grises y negras. El cielo despedía una luminiscencia azulada que parecía no provenir de ninguna parte, desde luego no había ni sol, ni luna, ni estrellas que pudieran iluminar y sin embargo se podía ver perfectamente incluso a kilómetros de distancia, pero poco importaba eso ya que poco había que ver más que aquel paisaje rocoso desde allí hasta el infinito en todas direcciones. El Caballero no tenía ningún arma, ni tampoco su cota de mallas. Vestía simplemente la capa, jubón, pantalones y botas, también llevaba los guantes colgados del cinto.

Dió un par de vueltas tratando de distinguir algún punto de referencia, pero le fué imposible hacerlo. Quizás su otra forma podría sacar algo más claro: Deseó ser el Lobo y no ocurrió nada... sus formas no cambiaban, sus sentidos no se hacían más agudos ni su mente más animal. Sin embargo frente a él pudo observar al lobo que solía ser, con sus ojos verdes y su pelaje gris. Se miró a si mismo durante un instante, parpadeó y al momento estuvo de vuelta en la cueva, con las llamas rugiendo y la carne ya preparada.

Recordaba haberse observado a si mismo como animal y como persona durante un segundo y también recordaba haber percibido algunas presencias más ocultas en alguna parte, pero cerca de él durante el cortísimo tiempo en que el Lobo había permanecido en aquel lugar.

Había sido un sueño extraño... si es que realmente había sido un sueño.

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